Español, Opiniones

Conan el cimmerio no es un tonto bruto

Si pienso en los personajes más icónicos de todos los tiempos, estoy bastante seguro que Conan —principalmente conocido por su apodo de «El Bárbaro»— tiene que estar entre ellos y, lo que es más, me atrevería a decir que es uno de los más reconocibles y siempre presentes en la cultura pop, incluso hasta nuestros días.

El único problema es que la mayoría de las «traducciones» de Conan a otros medios de comunicación, como películas, cómics y arte, han sido, por decir lo menos, simplistas e imprecisas. Ambas películas de Schwarzenegger de los 80s (Conan el bárbaro, de 1982, y Conan el destructor, de 1984) sufrieron de una versión del personaje que lo presentaba como un bruto tonto cuya fuerza yacía, bueno, sólo en su fuerza. A pesar de que este análisis en profundidad de Conan el bárbaro me aportó una nueva perspectiva y apreciación por la película, todavía la considero una pobre traducción del personaje, una que tiene demasiada visión artística independiente y muy poco del saborcito original del personaje. Acerca Conan el destructor, mientras menos se diga, mejor.

La versión cinematográfica de 2011, horripilantemente titulada Conan el bárbaro 3D, aunque ampliamente considerada una peor película que su homónimo de 1982, se acerca bastante más al personaje original e incluso a su estilo de narrativa pulp y de espada y hechicería. El problema es que casi todo lo demás en la película deja mucho que desear. Creo que Momoa como Conan es un buen casting, pero el material con el que tuvo que trabajar era muy por debajo del promedio.

En lo que respecta a los cómics, he leído muchos de ellos pero no los he leído todos. Mi impresión, de la numerosa muestra a la que me expuse, es que sufren más o menos del mismo problema de las películas: una visión incompleta y reduccionista del personaje. Los escritores y artistas parecen obsesionados con hacer al personaje tan gigantón y ridículamente fuerte como pueden mientras que, al mismo tiempo, le roban toda sutileza.

Finalmente, y aunque esto le puede parecer herético a algunos, no me gustan las representación de Frank Frazetta de Conan. Aunque son grandes piezas de arte en sí mismas, son como la «versión fisicoculturista» del personaje, por así decirlo. Considerando la enorme influencia de Frazetta sobre muches artistes, no me sorprendería si él fuese una de las razones principales detrás de la pobre concepción del personaje que hemos tenido desde 1960 en adelante.

Así, como considero a Robert E. Howard uno de mis autores favoritos (aunque es problemático, lo sé) y a Conan uno de mis personajes favoritos, intentaré presentar aquí una versión más integral del cimmerio, además de invitarles a que se expongan a las historias originales.

Lo básico

Conan el cimmerio es un personaje creado por el escritor estadounidense Robert E. Howard y que vio por primera vez la luz del día (alias «fue publicado») en las páginas de la revista Weird Tales en diciembre 1932 en la novelette El fénix en la espada. Aunque me encantaría hablar largo y tendido del proceso creativo de Howard y la historia textual de cómo Conan fue creado, dejaré eso para otra ocasión. Desde 1932 Howard publicó otras dieciséis historias de Conan con Weird Tales, incluyendo Clavos rojos, una novela póstuma publicada entre julio y octubre de 1936.

A estas dieciséis historias hay que añadir un par más que fueron publicadas después del trágicamente exitoso suicidio de Howard. Todas estas historias, junto con algunos borradores incompletos y otros manuscritos variados forman lo que llamaré «El canon de Conan».

El problema de las «colaboraciones póstumas»

El problema, por supuesto, es que «El canon de Conan» no había estado disponible hasta hace unos pocos años (más bien 17, pero ustedes saben a qué me refiero 😉). ¿Entonces qué son todos esos otros libros que la gente ha comprado desde 1960, que tienen títulos coloridos como Conan el conquistador, te preguntas? Esos son el resultado de contorsionismo editorial directo, falsificación y, bueno, fanfics mal escritos.

Aunque no fueron presentados así en ese entonces, lo que autores como Lin Carter y otros —especialmente Sprague L. Camp— hicieron fue, en términos prácticos, reordenar, alterar y reescribir todo lo que Howard escribió en vida para que se ajustase a su presentación «biográfica» de la vida de Conan el cimmerio, de humilde ladrón a rey envejecido. No tengo dudas de que lo que hicieron a partir de su buena voluntad y amor por el material original, pero el hecho de la causa es que hicieron probablemente más mal que bien a la creación de Howard y su legado, al inmiscuirse en historias que deberían haber sido dejadas en su estado original y en su orden de composición, en tanto como somos capaces de dar fe al respecto.

Digo esto porque hacerlo habría sido respetuoso con los deseos del autor. En una carta citada por el académico Patrice Louinet en Conan el cimmerio 1, Howard dice que:

Mientras escribía estas narrativas, siempre me he sentido como si las estuviera poniendo por escrito mientras él [Conan] me las contaba y no como si las estuviera creando. Por eso saltan de una cosa a otro, sin seguir un orden regular. Un aventurero promedio, narrando los cuentos de una vida salvaje al azar, rara vez sigue un plan ordenado, sino que narra episodios ampliamente separados en el tiempo y en el espacio, a medida que se le ocurren.

Por suerte para nosotros, tenemos ahora más de una colección que sacan todas las colaboraciones póstumas y, en vez de eso, se enfocan en presentar el material original de la forma más fidedigna posible. Aprovecharé esta oportunidad para recomendar la que tengo y he leído (más de una vez):

  1. Conan el cimmerio 1
  2. Conan el cimmerio 2
  3. Conan el cimmerio 3
  4. Conan el cimmerio 4
  5. Conan el cimmerio 5
  6. Conan el cimmerio 6

El Conan original

Pero, ¿qué hace del personaje original —el de las narrativas de Howard— tan bueno? Por supuesto este es un tema de gusto pero, en mi opinión, el personaje es complejo y atractivo por la misma razón que muchos otros personaje en la Historia.

Primero que todo, Conan es especial. Es el único cimmerio que conocemos a través de las historias escritas por Howard. Lo que es más, ser originario de ese lugar es nada de lo que enorgullecerse. Antes de que el autor escribiera la primera historia de Conan, escribió un poema titulado “Cimmeria”. En ese poema, la persona poética describe un lugar infernal, una «tierra de Oscuridad y Noche» que es el lugar donde Conan nació y de donde escapó en su juventud. ¿Por qué se escapó? ¿Y cómo lo logró? ¿Cómo sobrevivió en un lugar así? Todas estas preguntas nunca se responden pero, en vez de eso, añaden al misterio y atractivo del personaje.

Segundo: Conan es un personaje que se describe, al inicio de su primera historia, como alguien con «gigantescas melancolías y gigantesca alegría». Nota que no hay ninguna descripción de su fuerza física en esa introducción, ninguna mención de su amor por robar mujeres o ninguna de las tonterías usualmente asociadas con el personaje. Es presentado, en cambio, como un personaje de extremos, uno que vive la vida de manera muy intensa.

Lo que es más, Conan es un pensador y a veces podría considerarse un filósofo. En El fénix en la espada Conan dice cosas como «Un gran poeta es más grande que cualquier rey» (y Conan es un rey en esa historia) y, en La reina de la Costa Negra —quizás la más excelente de las historias de Conan— el cimmerio presenta su filosofía práctica en estos términos:

En este mundo los hombres luchan y sufren en vano, encontrando el placer sólo en el brillo enloquecedor de la batalla (…). Que los profesores, los sacerdotes y los filósofos le den vuelta a preguntas acerca de la realidad y la ilusión. Yo sé esto: si la vida es ilusión, yo no soy menos que una ilusión y, por consiguiente, la ilusión es real para mí. Vivo, ardo con vida, amo, mato y estoy satisfecho.

Finalmente, Conan representa una perspectiva de la vida misma, una que celebra la acción y valentía sobre un falso sentido de seguridad y predictibilidad. Esto es, creo, el núcleo de la usualmente malinterpretada idea que la barbarie es mejor que la civilización según Howard. El autor no presenta la barbarie como algo a lo que aspirar, sino como el terriblemente efectivo origen de la Humanidad como especie. Lo que Howard condena no es la idea de la civilización en sí misma, pero la noción que la gente que ha nacido y vive en área civilizadas tiene de que el mundo a nuestro alrededor puede ser controlado, dominado y por último domado de alguna manera… Otra gente incluida.

Conclusión

Como debe estar claro a estas alturas, Conan es un personaje muy querido para mí. Aunque no soy una persona que exalte el valor de la violencia —todo lo contrario— admiro la manera en que Howard nos presenta un personaje que es capaz de actuar y sobreponerse a obstáculos imposibles (y normalmente sobrenaturales) gracias a su auténtica fuerza de voluntad. Más que músculos, lo que hace a Conan fuerte es su voluntad indómita, una que no se doblega a ninguna ley foránea y que valora estar vivo por sobre todo lo demás.

En este sentido, las historias de Conan son entretenidas y profundas aventuras más relevantes hoy que quizás nunca antes. Nos muestran un mundo peligroso del que no deberíamos escondernos sino al que, en vez de eso, deberíamos confrontar de frente. Nos invitan a reconsiderar las elecciones que hacemos basado en lo que es seguro y protegido y, en contraste, perdemos el amor por la vida misma al abandonar las opciones arriesgadas que podrían hacernos realmente felices.

Esto es por lo que, a pesar de todos los aspectos problemáticos de sus historias, ahora y siempre recomiendo las historias de Conan el cimmerio, escritas por Robert E. Howard hace más de 80 años.

***

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Esta entrada se publicó gracias a los aportes de Paulette Rompeltien, Marley Clevenger, María Consuelo Gómez Martín, Alberto Peña y mis otres maravilloses mecenas.

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